Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

No fue hallado porque lo tomó consigo.

"Ándenle no sean así, invítenla al juego".

Árido en su coronilla, toma al cepillo con sus dedos de guitarra. Ya azul, la melena sigue creciendo, ¿o será que la piel se deshidrata

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Cierras los ojos y tragas de un bocado la hostia de tu linaje.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

No fue hallado porque lo tomó consigo.

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

"Ándenle no sean así, invítenla al juego".

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Árido en su coronilla, toma al cepillo con sus dedos de guitarra. Ya azul, la melena sigue creciendo, ¿o será que la piel se deshidrata

Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?​

Cierras los ojos y tragas de un bocado la hostia de tu linaje.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.

desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

No fue hallado porque lo tomó consigo.

"Ándenle no sean así, invítenla al juego".

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Árido en su coronilla, toma al cepillo con sus dedos de guitarra. Ya azul, la melena sigue creciendo, ¿o será que la piel se deshidrata

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.

Muerte no contiene a los fantasmas, de los vivos.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

Cierras los ojos y tragas de un bocado la hostia de tu linaje.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.

Sorbía
tragaba
lamía

fracción de taza
donde sus labios
pudieron
haber dejado
una gota.

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

no es un juego. Será la última vez que nos dejen pasar tarde.

"¿Y cómo desde ahí, desde ese borde, ese grito contenido, desde esa despeñada infancia se extiende un reino?"

Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.

No fue hallado porque lo tomó consigo.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

"Ándenle no sean así, invítenla al juego".

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Árido en su coronilla, toma al cepillo con sus dedos de guitarra. Ya azul, la melena sigue creciendo, ¿o será que la piel se deshidrata

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Cierras los ojos y tragas de un bocado la hostia de tu linaje.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

No fue hallado porque lo tomó consigo.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

"Ándenle no sean así, invítenla al juego".

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

Será real e intenso cuando desprendido del tallo se deshidrate su esencia.

Árido en su coronilla, toma al cepillo con sus dedos de guitarra. Ya azul, la melena sigue creciendo, ¿o será que la piel se deshidrata

desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.

Ante un espejo insulso
frotas tus párpados
como plazas de un mercado vacío.

Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Todo al mismo tiempo, dijo Mozart, que un día oyó la composición de un solo trazo. Los que se van, somos el águila que sobrevuela al monolito.

“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.

Árido en su coronilla, toma al cepillo con sus dedos de guitarra. Ya azul, la melena sigue creciendo, ¿o será que la piel se deshidrata

No fue hallado porque lo tomó consigo.

"Ándenle no sean así, invítenla al juego".

  • ¿y si un día viene y tú no estás?*

Cierras los ojos y tragas de un bocado la hostia de tu linaje.

—no se encuentra
—¿sabes a dónde fue?
—a pastorear a ninguna de sus ovejas

Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.

desde un mismo brazo de la balanza
sacian la niñez con fábulas de fuentes.

Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.

Sara Camhaji

visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.

Este sitio es parte del proyecto"NO TOMES FOTOS DEL PAISAJE, TOMA RETRATOS, Y SI QUIERES, PON UNA VISTA DE FONDO", cuyo objeto creativo circunda el fenómeno de la memoria y su visualización conceptual. Así, Sara explora los diferentes lenguajes sobre los que la mente recarga su verdad y la forma en que construye nuestro mundo interior.
Acerca de
SARA CAMHAJI (Ciudad de México, 1986) es escritora, docente y mamá. Su trabajo es respuesta natural de las cosas que ha vivido y las dimensiones emocionales por las que, durante su vida, ha habitado. Narra y escribe desde que existe. La poesía —eje estructural de su búsqueda— ha generado en ella el desarrollo de nuevas formas discursivas, cuya cercanía con la realidad interior humana resultan encarnantes y muy apropiables por desgarradoras. Tiene una maestría en creación literaria, dos hijos y dos publicaciones liberadas; Maleza (Alboroto Ediciones, 2022) y el presente título. Algunos de sus poemas se han publicado en el periódico de poesía de la UNAM. Becaria en el 2017 por Asylum Arts y ganadora de la residencia artística The Peleh Fund en Berkeley, California para 2023. ¿Poesía narrada, narrativa poética? Sara escribe desde la voz de un archivo con vida propia, como el pensamiento de una máquina del tiempo, o desde la oscura sinceridad de quien no-sabía-que-tenía-que-vivir.
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