Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.
Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?
"Ándenle no sean así, invítenla al juego".
Un minuto de silencio
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
No estabas llorando por madre.
Llorabas porque no puedes pegar tu sombra.
De todos modos, no estabas llorando
(Peter Pan, Primer acto)
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
"Ándenle no sean así, invítenla al juego".
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?
No estabas llorando por madre.
Llorabas porque no puedes pegar tu sombra.
De todos modos, no estabas llorando
(Peter Pan, Primer acto)
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Un minuto de silencio
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Volver al jardín por la tarde
abrazarte entre los arbustos
quemar la base
Y decir un dos tres por ti.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
No fue hallado porque lo tomó consigo.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
Nada entienden ellos de los vivos.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
"Ándenle no sean así, invítenla al juego".
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
No estabas llorando por madre.
Llorabas porque no puedes pegar tu sombra.
De todos modos, no estabas llorando
(Peter Pan, Primer acto)
Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
No fue hallado porque lo tomó consigo.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
Nada es suficiente para la realeza de un fantasma.
¿Quién es un monstruo marino o un mar embravecido para que su tormento sea un leviatán acordonado por la lengua?
Un minuto de silencio
Empieza el show. Ya está listo. Te sientas para ser el público. Ahora puedes aplaudir.
Nada entienden ellos de los vivos.
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
"Ándenle no sean así, invítenla al juego".
No estabas llorando por madre.
Llorabas porque no puedes pegar tu sombra.
De todos modos, no estabas llorando
(Peter Pan, Primer acto)
Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
"Ándenle no sean así, invítenla al juego".
No estabas llorando por madre.
Llorabas porque no puedes pegar tu sombra.
De todos modos, no estabas llorando
(Peter Pan, Primer acto)
Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?
No fue hallado porque lo tomó consigo.
Un minuto de silencio
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
"Ándenle no sean así, invítenla al juego".
Fueron vasos de unicel unidos por cuerdas de caña, las subidas en bicicleta y las frentes raspadas.
Cándido: ingenuo/ algodoncillo/ que solo busca cultivar su propio jardín/ míralo ahí tan campante, ¿pero dónde te habías metido, criatura?
Están las palomas, aletean. Fin del minuto. Silencio. Cientos de palomas vuelan hacia mí, me cagan encima.
Tú escogiste el vestido de mamá. Era negro.
¿Cuándo aquí? Entre paredes de sonido. ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Eso, ahí. En breve. No eres.
No estabas llorando por madre.
Llorabas porque no puedes pegar tu sombra.
De todos modos, no estabas llorando
(Peter Pan, Primer acto)
Extiende la madeja umbilical. Busca el hueco en la cabeza de una aguja. ¿Quieres que te la cosa? Estiras los pies sobre la cama. Cósela para que me acompañe en la luz, porque en la oscuridad no la necesitas. Cose de una vez este saco desfundado. Lo precisas para jugar.
¿para qué sirve el bilé?, para que te quieran.
Recordarás el blanco —por ejemplo—, el favorito de Mari.
De Lalo, el avistamiento de flores pequeñas.
No fue hallado porque lo tomó consigo.
Pero te reconocen,
Eres el violín de todas las canciones,
escuchas palmadas de oro desde el camerino.
“Aquí nadie te va a encontrar si no haces ruido, ni siquiera ese que haces al succionar la nariz”.
visualizar la voz del pensamiento.
pensar la imagen de la voz.
provocar al destino. jugar.
desde el azar, desde el suspiro.
entender la fuerza que enlaza
la imagen al nombre.
el nombre es una imagen.
la imagen es un verbo.
juega. nada es casualidad.
destino es juego.
todo es destino.
—